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Paso 2Regulación

Los Dos Poderes

Esto no va de meterla y sacarla

Esto no va de meterla y sacarla

Vamos a quitar de la mesa lo primero: este texto no trata de técnicas de cama, ni de durar más, ni de posiciones. No va del meter y sacar.

Va de algo que está por debajo. Por debajo de lo que te enseñó la cultura, por debajo de las ideas que heredaste, por debajo incluso de lo que tu genética te empuja a hacer. Ahí, en el fondo, hay una llamada. El cuerpo te pide algo, y casi nadie aprende a escucharlo porque le pusieron encima siglos de vergüenza.

Pongamos entonces la biología sobre la mesa, sin tanto rollo. Tú traes verga o traes panocha —y perdón, así le decimos en mi tierra; suena curado, da hasta risa, justo porque es la cosa más natural del mundo y nos la cargaron de tabú—. Pero quítale el pudor y queda lo que es: una función del cuerpo, como el hambre, como el sueño, como respirar. El cuerpo no sabe de pecado. El pecado se lo enseñaron.

Y cuando lo ves así, desnudo, te das cuenta de que tu energía sexual nunca fue un problema moral. Es tu energía vital en su forma más densa, más cargada. La pregunta no es si está bien o mal. La pregunta es: ¿qué estás haciendo con ella?

El sexo que todos conocen: vaciar la lámpara

El modelo que casi todos traen de fábrica es uno solo: te calientas, frotas, se acumula la presión, y la sueltas. Descarga. Y después… el apagón. Tres segundos de espasmo y de repente lo único que quieres es dormir. Se fue el deseo, se fue la chispa, se fue la conexión. Ya fue.

Es como frotar una lámpara mágica para que te dé los tres deseos. Funciona, claro. Pero apenas los suelta, la lámpara se apaga, y tú con ella. Hasta la próxima frotada.

Ese es el sexo que conoce todo el mundo: vaciar la lámpara. Y no está mal —es lo que el cuerpo hace por default—. El problema es creer que es lo único que sabe hacer.

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